De magdalenas de Proust, mazapanes de OXXO y playeras del Real
de la columna Honeyball para Apuntes de Rabona

 

Hace un par de meses tuve un viernes muy bueno. Fue tan bueno que le hacía honor a esa frase que difícilmente olvidaré y que alguna vez, hablando de literatura, mi querido profesor Frank Loveland nos dijo: “Días tan felices te condenan a pasar recordándolos” .

Este viernes del que les cuento, consistió en algo tan simple como un encuentro entre dos prácticamente extraños que se sienten sublimados al verse tan compatibles entre sí, mientras comparten un mazapán en un estacionamiento.

La escena y los personajes que formábamos parte de ésta, éramos la encarnación del tan choteado slogan de TNT: Pasa en las películas, pasa en la vida real. Es decir, la situación era un absurdo digno del cine, claro no de un gran clásico memorable sino más bien de un cliché hipster y melancólico al estilo Mike Mills. Intrascendente pero bello; muy bello.

Les cuento este episodio aislado y random que poco tiene que ver con futbol porque lo que le siguió, me llevó a un par de cuestiones que sí podría venir al caso contarles: primero que nada releí a Proust, en particular, su tan aclamada y memorable escena de la magdalena y el té de tila.

“Y, de pronto, el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Léonie me ofrecía, después de mojado en su infusión de té de tila, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa) cuando iba a darle los buenos días a su cuarto.

Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té”

Seguido a esto y como adolescente de película hollywoodense me acosté en mi cama decidida a enlistar mentalmente aquellos momentos que me condenaban a pasar recordándolos, de aquellas situaciones que había tenido la función de opacar a todas sus similares de ese momento en adelante.

Recordé la mejor pizza que he comido, la madrugada más sublime que he presenciado, la acogedora sensación de dormir entre mis padres cuando era pequeña, el regalo más entrañable que me han hecho, el mejor día de mi vida estando de viaje sola, el día más grato estando acompañada o el mejor partido de futbol que he jugado.

A éste último lo defino como el mejor porque hasta éste momento en que me encuentro recordándolo, el sentimiento que predomina es el saber haberlo dado todo. No recuerdo si ganamos o perdimos, pero no olvido mi agotamiento y sin dificultad alguna, rememoro el momento preciso en el que el árbitro me pidió que saliera de la cancha pues mi camisa estaba llena de sangre ya que una cortada a lo largo de todo el antebrazo goteaba sin parar ensuciando todo mi pulcro uniforme blanco del Real. Recuerdo salir de la cancha y cambiarme la playera pero no tengo memoria alguna de como me hice esa cortada.

Nada que evoque de ese partido viene a mi como un mal recuerdo, entre las remembranzas de mi vida está etiquetado bajo el tag de haber sido algo “épico”, es probable que por esta razón no recuerdo si la cortada dolió en algún momento, ni recuerdo el agotamiento que sentí como un pesar, sino como mera satisfacción.

Después de ese viernes del que les cuento, recurrí directo a la escena de la magdalena de Proust porque la idea de que cada mazapán que volviera a comer fuera a ser un detonante que me transportara a ese viernes me atemorizó terriblemente, pues la memoria tiende a funcionar de manera extraña, o tal vez debería decir: funciona en términos de conveniencia, y en este caso en particular, mi memoria iba a hacerme una mala jugada.

Sin embargo, después de hacer este listado de memorias que existían para condenar a todas sus sucesoras y el recordar ese juego que me hizo sentir heroica, hicieron que el temor desapareciera y en su lugar surgió una grata y reconfortante sensación de tranquilidad, pues me dí cuenta que dicho encuentro no volvería a suceder jamás pero que a cambio de eso, en cualquier OXXO tenía la posibilidad de comprar un mazapán y de esa manera y como papelito informe que cuando se moja comienza a estirarse, tomar forma y colorearse podría hacer resurgir ese momento o la sensación que le acompaña y que así cada viernes, podrían ser viernes tan buenos como ese.

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– la costra –

Estás corriendo con un amigo partiéndote de risa,
de repente tropiezas con una piedra y te caes al suelo.
Te levantas, notas que te sangra la rodilla.
Mientras intentas averiguar de dónde salió esa piedra,
la sangre del corte en tu rodilla está ocupada creando una costra.

 

La costra: escara, placa, postilla, revestimiento, pústula, cáscara, cubierta, recubrimiento.

La imagen de la costra genera hastío, rompe con la estética. La costra construye una relación directa con lo desagradable, es un dolor cuajado de aspecto tosco y rasposo.

No hay nada bello en la costra. Y sin embargo, muchas disciplinas escriben largos ensayos y generan investigación en torno a ella; otras, simplemente la glorifican.

Dice wikipedia, que la geología utiliza éste termino para referirse a un tipo de caparazón  que se forma en el suelo  cuando la tierra suelta es cementada por la caliza o el yeso.

La glaciología en cambio, concibe a la costra bajo una idea mas romántica. El termino exacto que utiliza es costra de sol, que según explican es: “ la capa de hielo que se forma en la superficie de la nieve cuando ésta, derretida por el sol, empapa un espesor de varios centímetros que luego es helado por el frío nocturno”.

En la gastronomía; conozco familias que se han separado al reñir por la costra (aunque ésta afirmación podría ser un tanto exagerada por mi parte), yo he peleado múltiples veces por ella. Es crujiente y sabrosa.

La genialidad de la costra se acaba junto con la infancia; la cicatriz la sustituye.

Las plaquetas generan la costra como un under construction mientras la piel se regenera. Al final la costra es un intermediario, es una segunda oportunidad. Es una esencia re construida.

Algo sobre los superhéroes: de Superman a Judas pasando por Borges

“Americans like their heroes to be Super Heroes

and their villains to be Super Villains. It’s part of our culture”

Susan Atkins

Tanto el superhéroe como el súper-villano suelen poseer habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados, ambos, representan un arquetipo generado por el imaginario colectivo para identificar el bien y el mal utópico.  Ambos son ideales, conceptos, ficción.

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Los Total 90 merecen una oda

de la columna Honeyball para Apuntes de Rabona

Give a girl the right shoes,

and she can conquer the world.

Marilyn Monroe

Nosotras, las mujeres, somos conocidas por pecar de tener “demasiados” zapatos. Aún cuando generalizo se que esta no es regla universal, sin embargo, al haber sido víctima de tales acusaciones en más de una ocasión (que por cierto, no estaban nada equivocadas), siempre he notado cierta recriminación o tono de desprecio como si el comprar, adorar o estar completamente enamorada de un par de zapatos fuera algo demasiado banal como para ser tomado en serio.

En mi muy corta y tal vez ingenua experiencia, los zapatos me han demostrado que muy contrariamente a como vulgarmente los define Wikipedia, no son solo “un accesorio de vestimenta hechos con la intención de proveer protección y comodidad al pie mientras realiza actividades variadas”.   Continue reading

HONEYBALL

La libertad juega con el número 10

“Me parece que cuando hablamos de pasión, de disciplina, de inspiración,

encontramos que podemos estar hablando tanto del arte como del futbol”

Germán Montalvo

Llevar el número 10 en la espalda dentro de la cancha es sin duda un sinónimo de supremacía futbolística, la lista de aquellos que la han portado va de Maradona a Zidane, pasando por Platini,  Pirlo,  Sócrates hasta llegar a Messi. Sin duda, podemos decir que usar el número 10 se ha convertido en todo un motivo de orgullo y privilegio dentro del fútbol.

Todo inició en el Mundial de Suecia de 1958, junto con la aparición del brasileño Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé, nació el misterio de la camiseta número 10.  Curiosamente Pelé no tomó la decisión de usar éste número en la espalda, el resultado de tal decisión no fue más que mera casualidad debido a un error cometido por la ahora Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

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El club de Melvin Udall (segunda parte)

“Mi hipocondría, a decir verdad, es un talento especial
que consiste en esto: saber extraer de cada incidente
de la vida, sea cual sea el nombre que lleve,
la mayor cantidad de veneno para mi propio uso.”
Georg Christoph Lichtenberg
El 10 de febrero de 1963, en el teatro del Palacio Real de París se representó lo que se convertiría en la última obra de teatro escrita por Jean-Baptiste Poquellin, mejor conocido como Molière. En una sátira el escritor francés dio vida al personaje de Argan un burgués que creía estar siempre enfermo, esta obra de Molière llamada El enfermo imaginario fue la primera aparición de la hipocondría en la escena artística.