12 años y 3 clavos del número 5

La gente iba y venía, todo era lento, apresurado y caótico. Caminamos por varios pasillos, subimos unas escaleras y bajamos otras. Por momentos el corazón me causaba un sobresalto debido a la rapidez con la que latía.

El camino al quirófano era interminable. Cuarto tras cuarto, bata blanca, bata azul.

Mis manos húmedas hacían que me sintiera confusa, por momentos dudé si estaba ahí para hacer compañía a mi padre o iba a ser internada.

No me pareció que ese azul fuera bien con mi tono de piel.

Llegamos y me dieron instrucciones de entrar a un cuarto, tomar una bata, un cubre bocas y unas fundas para los zapatos.

Me quité la ropa y el frío se coló hasta los  huesos.

Salí, lavé mis manos. Otra vez me encontraba imitando a mi padre.

La plancha de metal en medio de la sala estaba ocupada por una niña; ella boca arriba, desnuda semi-cubierta con una tela y sin control de su cuerpo.

El primer corte dejó ver un rojo carmín parecido al de la grana cochinilla, el líquido que brotó del cuerpo de doce años emanaba calidez como si hubiese estado ansioso por salir.

La intensidad de las luces hizo correr gotas de sudor helado a lo largo de mi columna. Siguieron escurriendo por un rato.

-El músculo no se corta, se quema y así se separa para llegar al hueso.

Asentí al ayudante mientras los olores se volvían penetrantes.

-Mira hija, este es el hueso

Sus ojos verdes cobraron vida cuando el cincel sonó al hacer contacto con ese pedazo de mármol blanco que sobresalía entre tonalidades rojas.

Mis sentidos se agudizaban; oí el enroscar del clavo en el taladro, las risas del quirófano contiguo mientras las uñas largas de la anestesióloga producía un sonido que se repetía haciendo eco en mis oídos.

El cuarto se ensanchó y perdió proporción. Regresé la mirada a la plancha y tres clavos del numero cinco  perforaban el fémur de la niña.

El hueso expuesto con los clavos, el músculo quemado, las múltiples pinzas de metal que estiraban la piel para tener una mejor vista y los cuchicheos entre enfermeras en los pasillos crearon una atmósfera que me atraía.

La escena era escandalosa y absolutamente estética.

– Sutura.

– Si, doctor.

Los Extrañados del 2016

El 2016 ha sido un año lleno de vida y alegrías, pero también ha sido incansablemente retador, desafiante y ha sido testigo de algunas grande pérdidas, y no hablo ni de Bowie ni de Cohen, sino de mi queridísima Churris y el magnífico tío Héctor. El 2016 ha sido duro y en sus últimas semanas ha llegado a parecer interminable.

De Churris diré únicamente dos cosas, no porque haya poco que decir de ella, sino porque quienes han sentido la compañía de un perro sabrán que después de 19 años con Churris, su pérdida, parte el alma. Y para aquellos que nunca han disfrutado de compartir la vida con un perro y aún pueden hacerlo, háganlo, querer y ser querido de esa manera es algo que vale la pena vivir.

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Sobre el tío Héctor, la noticia me la dieron ayer mientras estaba en el trabajo, leí el whatssap en un gran grupo que compartimos con los diez hijos (y sus respectivas ramificaciones) que tuvieron mis bisabuelos. Después de unos minutos, salí al baño y solté un lagrimeo silencioso que fuera poco visto para que nadie en la oficina lo notara. Cargué con el nudo en la garganta hasta las 3 de la tarde, cuando el lagrimeo se tornó en un llanto poco delicado y constante; me inundó tremendamente la tristeza.

La muerte en si, por naturaleza propia está obligada a ser bella, no porque sea algo natural, sino porque es aquello que honra la grandeza de la vida. Tal vez por lo mismo es que no somos capaces entenderla; no somos capaces de sentir la muerte

La ausencia en cambio no solo se siente, sino que es dura; es cabrona.

Ayer mismo, tuve una gran suerte, pues amanecí con el recuerde de haber soñado con el tío Héctor. El sueño era una especie de remembranza de todas las conversaciones que esporádicamente tuvimos.

Estábamos en la mesa de la terraza de su casa y platicábamos, no recuerdo de que exactamente, lo que no olvido es la característica entonación y la expresión de su rostro y manos cuando contaba algo que a sus ojos era tan maravilloso, que no había forma de verlo que de la misma fantástica manera; ya fuera de los viajes de Marco Polo, algún gran vino o simplemente un dato curioso de la historia familiar, que al menos por mi parte, de otra manera no hubiera conocido.

A este punto, tal vez ya lo hayan deducido pues siempre sentí un profundo y gran cariño por él, tal vez, como dice mi padre porque era un personaje icónico de la gran familia Coronado o como dice mi madre porque siempre tenía un tema para platicar con todos  y mostraba un interés sincero por los intereses de cada uno.

Tío Héctor fue maravilloso, envidié su chamarra de cuero verde esmeralda a corta edad, me impactó tanto su talento nato para bailar Rock and Roll como su gran amor por tía Tera. De él heredé un libro de fotografía y una cámara Agfa, que hace no muchos tiempo me regaló  ( un verdadero tesoro ). Desde que íbamos a hacer pijamadas a su casa, desarrollé cierta admiración por su oficina y su paciencia. Él conoció a churris y churris lo conoció a él.

Ambos se suman, en este 2016, a esa sobrepoblada mesa de “Los Extrañados”, a la cual, tarde o temprano, todos nos uniremos.

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– la costra –

Estás corriendo con un amigo partiéndote de risa,
de repente tropiezas con una piedra y te caes al suelo.
Te levantas, notas que te sangra la rodilla.
Mientras intentas averiguar de dónde salió esa piedra,
la sangre del corte en tu rodilla está ocupada creando una costra.

 

La costra: escara, placa, postilla, revestimiento, pústula, cáscara, cubierta, recubrimiento.

La imagen de la costra genera hastío, rompe con la estética. La costra construye una relación directa con lo desagradable, es un dolor cuajado de aspecto tosco y rasposo.

No hay nada bello en la costra. Y sin embargo, muchas disciplinas escriben largos ensayos y generan investigación en torno a ella; otras, simplemente la glorifican.

Dice wikipedia, que la geología utiliza éste termino para referirse a un tipo de caparazón  que se forma en el suelo  cuando la tierra suelta es cementada por la caliza o el yeso.

La glaciología en cambio, concibe a la costra bajo una idea mas romántica. El termino exacto que utiliza es costra de sol, que según explican es: “ la capa de hielo que se forma en la superficie de la nieve cuando ésta, derretida por el sol, empapa un espesor de varios centímetros que luego es helado por el frío nocturno”.

En la gastronomía; conozco familias que se han separado al reñir por la costra (aunque ésta afirmación podría ser un tanto exagerada por mi parte), yo he peleado múltiples veces por ella. Es crujiente y sabrosa.

La genialidad de la costra se acaba junto con la infancia; la cicatriz la sustituye.

Las plaquetas generan la costra como un under construction mientras la piel se regenera. Al final la costra es un intermediario, es una segunda oportunidad. Es una esencia re construida.

Algo sobre los superhéroes: de Superman a Judas pasando por Borges

“Americans like their heroes to be Super Heroes

and their villains to be Super Villains. It’s part of our culture”

Susan Atkins

Tanto el superhéroe como el súper-villano suelen poseer habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados, ambos, representan un arquetipo generado por el imaginario colectivo para identificar el bien y el mal utópico.  Ambos son ideales, conceptos, ficción.

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Los Total 90 merecen una oda

de la columna Honeyball para Apuntes de Rabona

Give a girl the right shoes,

and she can conquer the world.

Marilyn Monroe

Nosotras, las mujeres, somos conocidas por pecar de tener “demasiados” zapatos. Aún cuando generalizo se que esta no es regla universal, sin embargo, al haber sido víctima de tales acusaciones en más de una ocasión (que por cierto, no estaban nada equivocadas), siempre he notado cierta recriminación o tono de desprecio como si el comprar, adorar o estar completamente enamorada de un par de zapatos fuera algo demasiado banal como para ser tomado en serio.

En mi muy corta y tal vez ingenua experiencia, los zapatos me han demostrado que muy contrariamente a como vulgarmente los define Wikipedia, no son solo “un accesorio de vestimenta hechos con la intención de proveer protección y comodidad al pie mientras realiza actividades variadas”.   Continue reading

HONEYBALL

La libertad juega con el número 10

“Me parece que cuando hablamos de pasión, de disciplina, de inspiración,

encontramos que podemos estar hablando tanto del arte como del futbol”

Germán Montalvo

Llevar el número 10 en la espalda dentro de la cancha es sin duda un sinónimo de supremacía futbolística, la lista de aquellos que la han portado va de Maradona a Zidane, pasando por Platini,  Pirlo,  Sócrates hasta llegar a Messi. Sin duda, podemos decir que usar el número 10 se ha convertido en todo un motivo de orgullo y privilegio dentro del fútbol.

Todo inició en el Mundial de Suecia de 1958, junto con la aparición del brasileño Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé, nació el misterio de la camiseta número 10.  Curiosamente Pelé no tomó la decisión de usar éste número en la espalda, el resultado de tal decisión no fue más que mera casualidad debido a un error cometido por la ahora Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

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